EL OJO INDISCRETO DEL CUIDADOR/A

 

 

 

Los familiares y las personas allegadas a los/as diagnosticados/as también sufren un impacto emocional al conocer que su familiar tiene párkinson. Es una noticia que irrumpe en la familia, alterando su dinámica y funcionamiento habitual.

La familia y el cuidador/a tiene un papel fundamental en la enfermedad de párkinson. Son las personas que apoyan y motivan a la persona afectada a que se mantenga activa y a que se involucre en actividades agradables y que sea capaz de hacer.

Ser cuidador/a no es fácil. Muchas veces, al esfuerzo de mantener a la persona atendida en las mejores condiciones (de alimentación, higiene, protección, etc.) se suma la necesidad de afrontar situaciones difíciles de entender y que pueden provocar en el cuidador/a familiar sentimientos de desazón ante el trabajo que viene realizando.

En ocasiones la persona en situación de dependencia tiene reacciones y conductas no agradables. El cuidador/a familiar debe tener claro que la mayoría de las veces estas conductas son consecuencia de la propia enfermedad.

Las personas que asumen el rol de cuidador/as y familiares de enfermos/as crónicos/as, se hacen cargo de una gran cantidad de tareas que les colocan en una situación de alta vulnerabilidad, estrés e incertidumbre, que incrementa el riesgo de padecer diversos problemas físicos y emocionales. Muchos de ellos/ellas tienen la sensación de sentirse física y emocionalmente atrapados, incluso con sentimientos de culpabilidad que pueden provocar claudicación, y/o incapacidad para seguir atendiendo las demandas de su familiar enfermo/a.

 

 

 

"No hay que olvidar cuidarse para poder cuidar"

Existen grupos de autoayuda integrados por las personas afectadas y grupos integrados por familiares o cuidadores familiares

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